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Muy bonito, me falta leer el ...

22/10/2008 @ 19:16:41
por jorge


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    24 Oct 2008 
    Dedicaba a esa persona tan especial que en ocasiones me recuerda lo joven que soy...Pero recuerda que tú todavía lo eres también. Te quiero.


    Admin · 39 vistas · Escribir un comentario
    20 Oct 2008 
    Te recuerdo en mi memoria avivando mis pasiones.Te siento en mi piel acariciándome con tu sonrisa.T e escucho en mi interior calmándome con tus risas.Bellos momentos disfrutamos, tiernos pasajes vivimos, dulces caricias anhelamos… Todo aquello sigue en mí pero no sé si para siempre. Cada día se van deshilachando un poco más esos recuerdos. Mis lágrimas se han vuelto amargas, corrompidas por la tristeza y la desolación. Cada una de ellas se desliza por mis mejillas cual gota de hiel en busca de una salida.Cada recóndito rincón de mi ser grita sin ser escuchado, buscando en mis ahogados llantos la ocasión para hacerse oír. Y tú ya no estás, aunque permanezcas muy dentro de mí. Las esperanzas que anidaban en lo más profundo se han ido, poco a poco, despedazándose cual trozo de papel quemado que es llevado por el viento. Sólo me queda en el recuerdo tu imagen y aquella cálida tarde de primavera en la que, aún siendo niños, me demostraste que el amor persiste por siempre en el recuerdo. Al leer de nuevo estas letras, que fluyen de la tinta de la soledad y la desesperación, soy consciente de que tú ya no estás aunque permanezcas muy dentro de mí. No me queda nada salvo el transcurrir vacío de los años y la llegada del invierno a esta vida y con él, el doloroso olvido. Esta vida que ha sido despojada de todo cuanto en ella existía, quedándose desgarrada y desangrándose día a día, manteniendo sólo el recuerdo.Tengo miedo a que llegue un día en el que me mire en el espejo y no vea nada reflejado en mis ojos, miedo a que se encuentren vacíos, miedo a no poder recordarte, miedo a que todo aquello que más quise se esfume y se pierda para siempre. Convivo con este temor haciéndole frente día tras día, pero sé que llegará un momento en el que me supere y nada podré hacer. Todas las cosas que me rodean perderán su valor, no significarán nada para mí. Te irás de mí, me abandonarás, esta vez sí para siempre, y nada podré hacer.Por este motivo escribo estas letras dejando en ellas reflejada una parte de mí, y si algún día las vuelvo a leer, sabré que ya te has ido, sabré que vivía en mí un recuerdo muy fuerte que nadie nunca fue capaz de arrebatarme, sabré que el sufrimiento había hecho mella en mí, que mis lágrimas huían de mí y que la esperanza hacía tiempo que se había ido con ellas de la mano pero lo que siempre sabré es que nunca dejé de luchar.  

    Admin · 67 vistas · 1 comentario
    20 Oct 2008 


    Sentada en el borde de la cama veía las gotas de lluvia resbalar al otro lado de la ventana. Silenciosas. Aquellas nubes habían amenazado tormenta a lo largo de la tarde y al fin había llegado.



    Apuró el último trago de su vaso. El abismo que la separaba de la realidad crecía a cada instante. Se cernía sobre ella sumergiéndola en un mar de oscuridad.



    Se sentía débil, al límite de la extenuación. Su alma frágil se refugiaba en los recuerdos de antaño, eran su única salida, su única ventana para escapar de aquella de aquella realidad en la que se le habían cerrado ya todas las puertas. Recuerdos pasados pero a la vez presentes que le rondaban a cada instante. Recuerdos pasados pero a la vez futuros que la acompañarían por siempre, fuese a donde fuese. Recuerdos en su alma y en su corazón, en su armario y en su maleta, en su memoria y en sus fotos. Tan sólo con cerrar los ojos los podía ver, pasaban claramente ante ella como si de fotogramas se tratara.



    Tantas veces se había preguntado cómo, cómo se había precipitado a esa oscuridad que la atormentaba, cómo la había consumido el dolor y el sufrimiento, cómo se hallaba sumergida en aquel mar de aguas turbias con un último suspiro de aire en sus pulmones.



    Cuando el corazón sufre, el alma se resiente. Aquel sufrimiento ya había sobrepasado el umbral del dolor. Había sido tan intenso y prolongado que ya formaba parte de su esencia.



    Todo aquello que había sufrido en el más absoluto de los silencios parecía abordarla ahora de nuevo, allí sentada en el borde de su cama.



    Había creído cada una de aquellas falsas verdades que cada mañana le susurraba al oído.



    Había creído cada una de aqullas suaves caricias con las que la envolvía a cada instante.



    Había creído cada una de aquellas inocentes miradas con las que la seducía.



    Había creído cada uno de aquellos apasionados besos con los que cada noche la embriagaba.



    De nuevo crecía aquel abismo de oscuridad.



    Quería huir, dejarlo todo atrás pero sabía que sólo existía una manera. El miedo arraigado a su espíritu fuera el responsable de que intentara huir de aquel remolino de mentiras, engaños y falsedades. Pero tan sólo le sirvió para que la cuerda que rodeaba su cuello se ciñera un poco más.



    Su corazón, roto en mil pedazos, nunca se curaría. Aquella herida en lo más profundo de su ser nunca cicatrizaría. Las manos que le hablaron de caricias, que le dibujaron palabras de amor en su piel, habían caído sobre ella cual hierro candente marcado con odio y rencor. Su espíritu dolido se había quedado sin alas. Su caída precipitada a los infiernos se convirtió en una tortura de la que nunca lograría ascender. Día tras día aquellas manos la hundían un poco más.



    Se levantó de la cama. La lluvia había cesado. En el horizonte se vislumbraba un triste atardecer, presagio de una noche larga.



    Admin · 74 vistas · 1 comentario